El canon

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HISTORIA DEL CANON BÍBLICO

I – ANTIGUO TESTAMENTO

Gutenberg Bible of the New York Public Library, bought by James Lenox in 1847. Printed by Johannes Gutenberg, circa 1455.

Gutenberg Bible of the New York Public Library, bought by James Lenox in 1847. Printed by Johannes Gutenberg, circa 1455.

El canon

La palabra española “canon” proviene del término griego κανών [kanôn], que significa “caña”, “vara de medir”; “regla”, “principio”, “ley”, “norma”, “límite”En el sentido secundario, el canon es un conjunto de textos que “ha sido medido” y que ha sido tenido por digno de ser incluido en una colección de textos con autoridad vinculante para una comunidad religiosa. Por ello, el canon ha de relacionarse con el concepto de Escrituras, al igual que con el de inspiración. Texto canónico es aquel al que se le reconoce autoridad en una comunidad religiosa dada y al que se considera “inspirado” por Dios (2 Timoteo 3:16).

Sin embargo, el término “Escrituras” presenta un concepto más amplio que el más limitado de “canon”. Tenemos referencias a escritos inspirados, mencionados en el Antiguo Testamento y obra de la pluma de autores a quienes se consideraba inspirados, escritos que no se han incluido en el canon del AT: “los hechos del rey David, primeros y postreros, están escritos en el libro de las crónicas de Samuel vidente, en las crónicas del profeta Natán, y en las crónicas de Gad vidente“(1 Crónicas 29:29).

En el Antiguo Testamento existe una estrecha relación entre lo que Dios habla (cargado de autoridad) y la diseminación de esta revelación, ya sea en forma hablada o escrita (Éxodo 17:14; 24:4 ). Consignar las instrucciones recibidas de Dios era una consecuencia lógica, puesto que ello daba continuidad y una adhesión futura (Deuteronomio 31:9-13). Deuteronomio 31:26 indica la función de “testigo” de este “libro de la ley”. Además, en otros lugares del AT, el término hebreo עֵד [‘ed], “testigo”, “testimonio”, se relaciona a menudo con la verificación según una norma establecida (Deuteronomio 31:19, 21; Josué 22:27, 28, 34).

En tres ocasiones históricas específicas encontramos el concepto de una fuente escrita cargada de autoridad que tenía que ser seguida:

(1) Éxodo 24:7, en que el pueblo declara su compromiso con el libro de la ley revelado a Moisés en el Sinaí;

(2) 2 Reyes 23:3 y 2 Crónicas 34:32, en que el pueblo de Judá aceptó las palabras del libro de la ley encontrado en el templo por Hilcías en la época del rey Josías;

(3) Nehemías 8:9, en que Esdras leyó la ley a las personas que habían vuelto del exilio de Babilonia a Jerusalén. Mientras escuchaba, la gente lloraba, y Nehemías 8: 11 indica que habían comprendido el significado de la lectura y la responsabilidad que tenían.

Los tres acontecimientos tuvieron lugar con ocasión de una ceremonia relacionada con el establecimiento o la renovación de un pacto. Por lo tanto, parece válido llegar a la conclusión de que la relación de pacto entre Dios y su pueblo quedaba determinada por la adhesión de este a la “Palabra del Señor”.

Lógicamente, este concepto requería la existencia de una compilación llena de autoridad de esa “Palabra” del Señor. Es obvio que esta colección no era considerada una compilación humana, ni una colección basada en las preferencias de un dirigente religioso específico ni en una tradición religiosa. La compilación normativa del AT (y del NT) se basaba en la revelación de Dios de sí mismo.

El término κανών [kanôn] era perfectamente conocido y de uso frecuente en el griego helenístico. La palabra  era usada por los griegos para designar una regla investida de autoridad. De hecho, el mundo antiguo estaba lleno de cánones (o modelos o reglamentos) que guiaban los diferentes aspectos de la actividad humana.  En Gálatas 6: 16, Pablo utiliza el término en el sentido de una medida de la conducta cristiana que puede verificarse.¹ Sin embargo, en las Escrituras no se usa para designar el canon bíblico.

Al final del siglo primero de nuestra era, Clemente de Roma utiliza el término con referencia a la “tradición” cristiana. Escribió:Renunciemos a las consideraciones ociosas y vanas, y volvámonos a la norma [κανόνα {kanóna}] de nuestra santa vocación”“let us leave empty and vain thoughts, and come unto the glorious and venerable rule of our holy calling” (First Epistle Clement of Rome, chapter 7:2). Web: Early Christian Writigs.

Desde el siglo II en adelante, continuamente se recurrió a la regla de las enseñanzas cristianas con frases como “canon de la iglesia”, el “canon de la verdad”, o el “canon de la fe” (ver Brooke Foss Westcott, A general survey of the history of the canon of the New Testament during the first four centuries, pág. 543, 544).

Clemente de Alejandría se refiere al “canon de la verdad” (the canon of the truth) -κανόνα τῆς ἀληθείας [kanóna tês alêtheías]- (Stromata, [o Miscelaneas] 6. 15. 124.6 [pág. 222]); o The Stromata (Book VI), Chapter 15 [Philosophy and heresies, aids in discovering the truth <the canon of the truth>]; o aquí.

Orígenes (184/185-253/254), uno de los padres de la iglesia, usó por primera vez la palabra canon para designar la colección de los libros de la Biblia reconocida como una regla de fe y práctica. Dijo que “nadie debiera usar para probar la doctrina libros no incluidos entre las Escrituras canonizadas” (Commentary on the Gospel of Matthew, sec. 28).

Atanasio (293?-373 d. C.) luego llamó “canon” a toda la colección de libros sancionados por la iglesia, y éste es el significado con el cual se introdujo la palabra en el lenguaje de la iglesia.

A partir del siglo IV, κανών [kanôn] se usó también para la compilación de escritos sagrados tanto del Antiguo Testamento como del Nuevo Testamento. Suele atribuirse a Eusebio la iniciativa en el empleo del término con referencia a la colección vinculante de las Escrituras cristianas. En 363 d. C. el sínodo de Laodicea fue el primer concilio de la iglesia que empleó el término para distinguir entre libros “canónicos” y “no canónicos”.

Sin embargo, esto no significa que el concepto no existiese en la época del Nuevo Testamento. Jesús cumplía las normas del Antiguo Testamento (las fiestas [Juan 2:23; 4:45], la observancia del sábado, los ritos del templo [Lucas 21:1], el impuesto del templo [Mateo 17:24]), con lo que denotaba el carácter vinculante de las mismas. Se refiere a mandamientos, promesas u otros relatos del Antiguo Testamento en el contexto de un “escrito está” (Mateo 4:4, 7, 10; 11:10; Marcos 7:6; etc.), lo que siempre se presenta como argumento concluyente en sus discusiones.

También la iglesia primitiva parece reflejar esta actitud relativa a la autoridad vinculante del Antiguo Testamento. Los bereanos comprueban a diario las Escrituras del Antiguo Testamento para verificar las enseñanzas de Pablo (“Y éstos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así” – Hechos 17:11).

Pablo utiliza la solidez del Antiguo Testamento en sus argumentos en pro del apoyo financiero del ministerio incipiente ( 1 Corintios 9:9, 10, 14 ), en lo relativo a que la venganza es prerrogativa de Dios exclusivamente (Romanos 12:19, 20) y en el caso de la naturaleza universal del pecado (Romanos 3:10 ss). Pedro defiende un estilo de vida de santidad basándose en el Antiguo Testamento (1 Pedro 2:4-6).

Tal evidencia sugiere la existencia del concepto de un conjunto normativo de textos, utilizado para definir los límites de la forma legítima de vivir, tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento. Con ello, tanto el AT como el NT demuestran el concepto de escritos canónicos, es decir, dotados de autoridad. Esta autoridad no es resultado de decisiones de individuos u organizaciones, sino que descansa en la autoridad de la propia Palabra escrita (o hablada), que estaba inspirada por Dios.

Sin embargo, no todos los escritos inspirados llegaron a incluirse en el canon. Es preciso entender este proceso de canonización, una determinación de qué incluir y qué excluir. Aunque puede que no sea muy fácil dar con respuestas concretas, un repaso histórico puede proporcionar los datos necesarios, los cuales, a su vez, precisan ser explicados a la luz de la reivindicación de autoridad que hacen las Escrituras, tomando como base la doctrina de la revelación.

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 HISTORIA DEL CANON BÍBLICO

I – ANTIGUO TESTAMENTO

Introducción

El canon

División antigua y moderna del Antiguo Testamento

Antes del exilio en Babilonia

En el tiempo de Esdras-Nehemías

Entre Nehemías y los Macabeos

Desde los Macabeos hasta Cristo

El testimonio de Cristo y los apóstoles

Testimonios de judíos del primer siglo

En la iglesia cristiana primitiva

La iglesia católica y los apócrifos

Criterios protestantes acerca del canon

Resumen

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